Yo SI quiero jugar de lateral


Últimamente uno de mis principales temas de conversación, versan sobre el futbol base, y es normal, cuando se tiene a un pequeño (lo de pequeño es una forma de hablar pues llega al 1,75 m), que además juega al futbol, y no lo hace mal del todo, teniendo en cuenta que sólo tiene poco más de 12 años.

Pues bien, con quien suelo hablar mucho es, sobre todo, con los padres de sus compañeros de equipo, y además de diversos temas ... sobre la forma de jugar ... sobre la técnica de los otros equipos ... sobre la calidad de algunos chicos ... pero el tema estrella es el "por qué mi hijo juega tan poco, cuando en su anterior equipo era el mejor".

Lo primero que debemos entender es que estamos hablando de niños de 12 años. Si ... sólo 12 años, a los que tratamos y exigimos como si fuesen adultos, como si ya fuesen jugadores profesionales. No, son niños, y se comportarán como tales, jugarán como tales, tendrán sus inseguridades y miedos como tales, porque no son otra cosa que niños.

A esas edades, se encuentran en la fase previa a la adolescencia, con lo que ello conlleva en cuanto a autoestima y liderazgo de grupo.

Lo segundo que debemos entender, es que aunque nuestro hijo tenga calidad para un puesto determinado, ya sea mediocentro, delantero o extremo, no siempre podrá jugar en esa posición. Es muy común, encontrarnos con casos de jugadores que empiezan en una posición y terminan jugando en otra muy distinta. Solemos encontrarnos casos de que empiezan de defensas y terminan delante, y al revés. Significativo, es el caso de Pujol, el gran central del Barça y la selección española, que empezó jugando de delantero.

Esto me trae a la memoria un relato que leí en alguna parte sobre la experiencia y transformación de un chico futbolista, y que me gustaría compartir. Decía así :

Una vez terminó el entrenamiento, el míster me llamó y me dijo :

- Carlos, quiero hablar contigo-

- ¿Sí? ¿Qué quiere, míster? -contesté. - Mira Carlos, acabas de ascender del infantil, y sabes que en el cadete son dos años, y que en la posición donde jugabas el año pasado hay dos por delante de ti, son de segundo año. - Sí, ya lo sé.

Últimamente jugaba poco, esos dos chicos, contaban con más protagonismo que yo, tenían más minutos, incluso me quedaba a veces fuera de la convocatoria, a pesar de que yo me veía bien. Pero parece ser que no era suficiente. Aún con esto, me había armado de paciencia y esforzado en los entrenos convencido que llegaría mi oportunidad. Pero el comentario del entrenador me sorprendió y me temía lo peor… seguramente me diría que no iba a jugar en toda la temporada.

- He pensado en ponerte en otra posición -afirmó. - ¿Cuál? -pregunté con curiosidad e interés. Me moría de ganas de jugar. - De lateral derecho. - ¿Qué? ¡Si no he jugado nunca allí! -me cayó como un jarro de agua fría. Era una posición que nunca me había despertado ningún interés. A mí me gustaba jugar de interior izquierda o mediocentro. Pero tenía que ser positivo, ya que seguramente era mi única opción en la temporada.

- Carlos, no te preocupes, lo harás bien. - Vale, de acuerdo- asentí.

Llegó el primer partido. Por fin jugaba, y de ¡¡titular!!. Allí estaba en el campo, eso sí, luciendo el número 2, pero con una motivación como pocas veces había sentido, convencido de que iba a realizar un partido espectacular.

Pero la verdad, es que fue un completo desastre … Cuando llegó el descanso, ¡íbamos perdiendo por 3-0! Y los tres goles los había hecho el extremo izquierdo que me tocaba marcar y parar. Se me había escapado un montón de veces y gracias a nuestro portero no fueron muchos más.

No me sorprendió en absoluto la decisión del entrenador de sustituirme en el descanso. Me dijo que me quedara en el vestuario con cara de muy pocos amigos. Era justo. El equipo no podía tener un obstáculo como yo había sido en la primera parte. Mis compañeros mejoraron claramente en la segunda parte y lograron empatar a 3.

Había sido una pésima idea ponerme de lateral derecho, y lo peor es que yo, con tal de jugar, había aceptado algo que nunca hubiera tenido que aceptar. Era mejor no jugar y esperar la oportunidad en mi posición.

En el primer entrenamiento después de la decepción personal, el entrenador me volvió a llamar.

- Carlos, me quiero disculpar contigo. Te lo hice pasar mal en el último partido. - ¿Por qué me dice esto entrenador? El que jugó el partido fui yo. - Pues porque no te expliqué que aunque te pusiera de lateral derecho quería que jugaras como tú sabes, a tu estilo. Te tendría que haber explicado cómo jugar en esta posición, y mi error está en que solamente te dije que quería que jugaras, y nada más. - No entiendo lo que me dice. He sido yo el que ha jugado mal. Mal no, fatal. Jugar de lateral es jugar de lateral, cubrir el lado derecho de la defensa, vigilar y anular al extremo izquierdo, sacar los fuera de bandas, ayudar al volante derecho y al extremo en la construcción del juego… ¡todo el mundo sabe que es jugar de lateral! - Sí, pero cada persona es un lateral derecho diferente. Mira en tu caso, tú no eres rápido, por lo que no puedes jugar de lateral esperando ganar a la carrera a tu extremo. Siempre te van a ganar, como pasó en el partido del sábado. Ese chico era tremendamente rápido y tú no llegaste ni una vez en carrera. Tu virtud es la lectura del juego y la intuición de cómo se va a mover el contrario y el juego. Has de usar esto para jugar de lateral derecho. Has de usar las mismas habilidades que usabas el año pasado para jugar en las otras posiciones. ¡Has de ser tú mismo! - ¿Y cómo se hace esto?- pregunté. - Pues no esperes a que la pelota llegue. Tu ventaja está en saber que va a llegar, y en anticiparte. Los extremos normalmente son rápidos, pero no suelen ser intuitivos. Con anticipación vas a ser el ganador.

La verdad es que no entendía demasiado lo que me quería decir, pero las perspectivas de poder volver a jugar me impulsaban a aceptar su reto. Lo pusimos en práctica en el partidillo del entrenamiento con más acierto del que yo me esperaba. No me había dicho ninguna indicación, solamente me repitió varias veces “Carlos, sé tú mismo, piensa en tu virtud, juega con la anticipación”.

Al final del entrenamiento se acercó a mí:

- Carlos, ahora ya sabes cómo tienes que jugar de lateral derecho, pero piensa que debes practicar más este nuevo estilo. Por esto, no jugarás de titular en los dos partidos próximos, porque quiero que cuando vuelvas al equipo lo hagas con plena confianza y con motivación.

Esa noticia, en lugar de desanimarme, me reanimó. Descubrí que me había gustado jugar de lateral derecho, y descubrir lo que era mi virtud futbolística, la anticipación. Esas dos semanas trabajé el doble. Pensé todo el día en jugadas imaginarias y cómo resolverlas. Mejoré cada día y en los entrenamientos. El entrenador desde la distancia me asentía con el pulgar en alto cada anticipación que realicé.

Y por fin llegó el gran día del “redebut” como lateral derecho, la verdad, fue algo grande. ¡Un gran partido! ¡Un partidazo! Y después continuó otro y otro. Me consolidé en la posición, aprendiendo día a día a jugar con mi estilo y mis virtudes pero de lateral derecho.

En el futbol, como en la vida, cada niño debe encontrar su propio lugar, su propio sitio, y que además suele estar distante del que les decimos nosotros sus padres.

A todos nos gustaría tener de hijo a un Messi, que metiese muchos goles y fuese la estrella del equipo, pero debemos entender algo obvio, y es que para que un delantero pueda marcar, antes el portero ha tenido que sacar de puerta pasarla al central que ha combinado con el mediocentro, y que a su vez ha pasado al extremo que se la ha cedido al delantero, para marcar.

Lo espectacular es marcar, salir en la foto de la prensa. Pero tenemos que hacerles comprender que todos somos importantes ... que el futbol, como la vida, es una labor de equipo ... que Messi sólo, no marca ... que todos tienen su papel ... y que en mayor o menor medida, todos son importantes. Todos son necesarios. Todos son protagonistas.

Este es el mensaje que creo debemos transmitir a nuestro peques, que los importantes son ellos, y no el puesto donde juegan. Que aunque temporalmente su entrenador no cuente demasiado con ellos, deben continuar con su trabajo, y esfuerzo, y esa perseverancia se verá premiada con una mejoría, y por supuesto, un mayor protagonismo en el juego.

En realidad, el futbol como parte de lo que es la vida, se rige por sus mismos parámetros, y así cuando en esta vida te esfuerzas, tarde o temprano llega la recompensa, ya sea en la forma que esperabas, o en alguna otra que seguro te sorprenderá.


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